2010: ¿Una cruenta contrarrevolución?

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Se trata solamente de analogías, porque estrictamente hablando, los procesos históricos no se repiten, pero las analogías ayudan a entender algunas cosas.
Este 10 de abril de 2010, además de las movilizaciones de diversos grupos con demandas agrarias, y formación campesina, indígena y popular en sus filas, está presente la forma histórica de actuar del poder en México.
Mientras un poder de ideologías y éticas mudables al sonar del dinero dice recordar sendos bicentenario de 1810 y centenario de 1910, lo que hace es repetir las gestas represivas del ejército realista que combatió a las tropas independentistas y del ejército porfirista y los posteriores gobiernos y ejércitos que gobernaron en nombre de una “revolución” mientras reciclaban al ejército porfirista, su burguesía y su clase política, y para complacerlos, intentaban arrasar con las huestes del villismo y del zapatismo, al grado de terminar asesinando a Zapata el 10 de abril de 1919 en Chinameca, Morelos, y a Villa y su escolta personal de Dorados cuando ya se había desmovilizado el caudillo del norte.
Así los gobiernos del PAN, el PRI y el PRD, por un lado, usan la demagogia de reciclar los símbolos históricos: La iglesia que persiguió a Hidalgo lo reivindica como cura católico; el PRI que nació del aniquilamiento de la revolución y el pacto entre sus enterradores, ahora se quiere presentar heredero del “general Plutarco y el compañero Donaldo”; y el lópezobradorismo, además de aceptar a los trásfugas de la clase política porfirista… es decir, priista, de Ebrard a Juan Sabines, pretende pasar por rebelde publicando “Regeneración”, olvidando que los Magón pelearon por ser libres y no por cambiar de amo (de AMLO).
Las insurgencias sociales son arrinconadas mediante el ejército, la policía, los grupos paramilitares y parapoliciales, y también con la prensa neoporfirista que renueva los epítetos antizapatistas de 1910- 1919: “robavacas”, “bárbaros”, “Atilas del Sur”, en los análogos epítetos contrainsurgentes que le cuelga al zapatismo de 1994- 2010: “terroristas”, “etarras”, “extranjeros”.
Resulta irónico que un poder autoritario, heredero de los represiones del 1810 y 1910, con sus “armas cubiertas de gloria” en Tlatelolco 1968, en el Jueves de Corpus de 1971, y en una y otra masacres, como las de Wolonchán, con los Sabines priistas de ayer, la de Acteal con el zedillismo y las de Viejo Velasco y Chinkultik con los Sabines pri-perredistas (benditos por AMLO) de hoy, acuse a los zapatistas de “terroristas”.
Mas no es casual que se practique tal contrainsurgencia “preventiva” que intente abortar las semillas del cambio para mejor preservar al porfirismo revisitado que entrega el país a los mismos poderes de facto que dice combatir.
En el caso del diario Reforma, rebautizado por sus críticos comoDeforma, y la sensacionalista y ya desinflada nota en que pretendía “desencapuchar” a líderes zapatistas, el Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de las Casas ha publicado una carta en la que denuncia el uso contrainsurgente al que se prestó el diario dirigido por Alejandro Junco de la Vega. Y amplía la ficha de ese medio: “Esta no es la primera ocasión en que Reforma se presta al juego contrainsurgente, ya el 9 de noviembre de 2009 en la nota publicada por el mismo diario en su portada, firmada por su corresponsal Martin Morita, con el título “Detectan en Chiapas Grupos subversivos”, afirman sobre movimiento, vínculos, y acciones que señalan a una red de diversos actores de Chiapas en un supuesto levantamiento armado para el 2010,
“En esta campaña mediática de contrainsurgencia no es Reforma el único medio que juega el rol para desinformar y criminalizar, diversos medios de comunicación difunden información “filtrada” por los órganos de inteligencia del gobierno mexicano que pretenden deslegitimar el trabajo de personas y de las organizaciones sociales que reivindican los derechos de los pueblos indígenas.
“Refrendamos que este Centro de Derechos Humanos respeta el trabajo que realizan distintos comunicadores comprometidos con su labor de informar con ética y veracidad, saludamos el ejercicio de libertad de expresión de distintos medios pero reprobamos la irresponsable actitud de quienes hacen uso de los medios para poner en riesgo la integridad y seguridad de ciudadanos que son señalados dolosamente, sin previo cotejo de fuentes y abonando a la estrategia contrainsurgente como lo señalan distintos documentos del Ejército Mexicano.”
Una carta pública de organizaciones italianas también ha denunciado el intento de criminalizar al EZLN y ha refrendado su apoyo a los actuales zapatistas: “Nosotros, así como muchos en el mundo apoyamos, y seguiremos apoyando, las comunidades zapatistas en el desarrollo de su Sistema Autónomo de Educación, de Salud, de Capacitación, de Producción. Y así como denunciamos esta nueva agresión, seguiremos denunciando cada violación de los derechos de los pueblos y cada ataque contra el movimiento zapatista.”
Escandalizarse porque los zapatistas reciben ayuda solidaria internacional para sus proyectos es tan hipócrita como escandalizarse por el apoyo internacional a la Guerra Civil Española o el apoyo internacional que recibían los hermanos Flores Magón. En todo caso, desde el movimiento de Independencia hubo un Francisco Xavier Mina. Con la ventaja de que la ayuda actual es pacífica y en la perspectiva de los derechos humanos, reconocidos por la ONU y, por tanto, legitimada por un derecho internacional.
La prueba de la hipocresía es que los mismos escandalizados (y xenófobos a la carta) no condenan el intervencionismo de Obama y Hillary Clinton, que desde Washington azuzan la militarización del país.
La Sedena pide legalizar la militarización de facto que padece México, burlando la Constitución, así como legalizar un estado de excepción con medidas como el allanamiento de los domicilios y anuncia que el ejército estará en las calles cinco o diez años más.
Como han denunciado las organizaciones de la Red Todos los Derechos para Todos, “la opacidad de las fuerzas armadas el negarse a ser juzgados por tribunales civiles tratándose de crímenes cometidos contra civiles”, aunada al militarismo exhibido en las aludidas declaraciones, lleva a concluir que “la negativa para cambiar esa situación” puede interpretarse “como un esfuerzo del ejército para gozar de impunidad”.
Es, aparentemente, un programado y masivo Chinameca, no contra un líder, sino contra un pueblo organizado que pide un cambio. ¿Para conmemorar los centenarios preparan una cruenta contrarrevolución?
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